Decíamos ayer

Decíamos ayer que hay una profunda brecha entre los ciudadanos y sus gobernantes, y que la crisis no ha hecho más que agravarla.

Decíamos ayer que cada vez somos más a los que la corrupción nos preocupa venga de donde venga. Y que parece que viene de muchos sitios.

Decíamos ayer que es tiempo de enterrar los argumentarios; de pasar del y tú más; de olvidarnos de peleas por todos los sillones.

Decíamos ayer que la situación de la banca, y en especial la de las cajas, ha provocado un rescate a nuestro país; que se ha traducido en recortes, y que siguen cambiando las normas del juego.

Que el sector financiero es responsable de excesos como las preferentes y los desahucios. Y que no hay crédito para las empresas, pero sí para Gareth Bale y Neymar.

Decíamos ayer que en Cantabria se nos desmoronan todos los referentes: El Racing. La Caja. La patronal. Hasta el Festival Internacional de Santander, ese al que una vez vino Plácido Domingo, ya no importa a nadie tras años de lujo religioso.

Decíamos ayer que la industria sufre un cambio de modelo. Que las fábricas que antes empleaban a cientos de trabajadores ahora tienen un cartel de liquidación en la puerta. Y que se venden a precio de saldo a empresas alemanas e internacionales,  en ese escaparate en que se han convertido los concursos de acreedores.

Y decíamos ayer que mientras la industria se cae, los otros empresarios; los autónomos; la gente con iniciativa, vive con la zancadilla de impuestos y burocracia.

Y que al mismo tiempo contemplamos atónitos un mundo irreal de teleféricos, campos de golf y ciudades inteligentes.

Eso decíamos ayer.  Hoy os decimos que todo esto hay que contarlo. Que eso es lo que estábamos haciendo desde hace un año, cuando asumimos la producción de Buenos Días Cantabria.

Decimos hoy que ese proyecto vivió un tropiezo. Que a la hora de la verdad, la libertad de expresión no gusta tanto. Que una cosa es dar voz a la calle y otra dejar que la calle hable. Que hay quien le quiere poner cerrojos al campo.

Pero, sobre todo, os decimos hoy que gracias. Estuvisteis ahí cuando más lo necesitábamos. Cuando peor lo pasamos. Y os decimos que ésta os la vamos a devolver.

Porque sabemos que vosotros también lo estáis pasando mal. Que muchos estáis en el paro. Que muchos nos escucháis ahora mismo desde fuera de España. Que a muchos otros os cuesta hacer despegar vuestro proyecto. Que otros estáis en la calle, defendiéndoos. Y todos, indignados.

Por eso, os decimos hoy que si vosotros os preocupasteis por nosotros, ahora nos toca a nosotros.

Decimos hoy que el 22 de abril ya se ha terminado. Que fue un mal día. Pero que hoy es lunes, que son las ocho de la mañana, que es 16 de septiembre y que es Un Buen Día.

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Abriendo el chiringuito

La noticia del verano no ha sido que Bárcenas presuntamente ya tal. Eso ya lo habíamos oído. Ni siquiera que el golf es nuestra gran apuesta de futuro. Llevamos 15 años viviendo en ello. Ni que el presidente y el alcalde hayan encontrado otro motivo por el que echarse el plan general a la cabeza. Es la historia de esta legislatura. Ni tan siquiera que el FIS sea algo decadente tras años de mala gestión. Eso lo están descubriendo algunos ahora.  Reciban una calurosa bienvenida.

No. La noticia es que en una playa de Santander se ha puesto un chiringuito a pie de arena. Así, a las bravas. Vaya cosa, me dicen desde Torrevieja todos los ganadores del 1,2,3 que han sido. Sí, pero es que aquí presumíamos de no tener chiringuitos en la playa ni puestos de peruanos en el paseo marítimo.

¿Qué por qué se ha instalado? Vaya usted a saber. Una aguda explicación sociológica diría que en tiempos de crisis la gente viaja menos y se queda aquí, pero que le gusta darse un caprichillo en la playa.

Sin embargo, parece que el motivo es más pedestre. Da dinero, supone ingresos. El mismo motivo por el que una ardilla podría recorrer la ciudad, de El Sardinero a Cuatro Caminos, de terraza en terraza. Porque se paga por esos usos. Incluso el que este verano se haya celebrado con más empaque de lo normal el Orgullo en Tetuán, donde se ha comprobado el ambiente (juego de palabras barato, no me juzguen) que aporta cierto local a la zona.  O porque las fiestas de Santander han empezado a tener movimiento en los últimos años. Porque hay quien le ha visto la rentabilidad.

Así que quién sabe. Lo mismo cunde el ejemplo y alguien piensa que es rentable que a la hora de conceder licencias en la selva de la noche, el criterio pase a ser abrir más el abanico y ponérselo fácil a los “nuevos”. Más negocios, más negocio.

Qué locura, alguno podría descubrir que si hay tres bares seguidos en un sitio se crea el denominado efecto zona y acabaría repartiéndose entre todos.

Es más, que de repente se viera que a más horas de apertura, más actividad hostelera y más impuestos que se pagan, que, en el colmo de los colmos, podrían revertirse de alguna forma en los vecinos de la zona para compensarles.

Estoy inmerso en un frenesí soñador, lo confieso. Figuraos que estoy pensando que los partidos políticos podrían descubrir los efectos positivos de permitir que haya críticos en sus filas. En un tiempo como el actual, un perdón y un admitió bien dichos sumarían más votos de los que resta el raído argumentario y el pensar sólo en unos pocos.

Y qué no podría hacerse en los medios de comunicación, si dejaran las trincheras en que se han alineado en la guerra de las portadas y escribieran para los dos (inexistentes) bandos. Oye, en la radio nos fue bien con eso. Puedo decir de corrido  oyentes de varios palos. Y funciona.

Porque ya es tiempo de abrir a todos el chiringuito que unos pocos llevan disfrutando años.  Aunque sea por egoísmo: el sectarismo no parece una práctica inteligente. No aporta beneficios. Ni de dinero ni de votos. No crea buena reputación. Es un producto sin demanda. Nos empobrece a todos. Y ya, por fin, tras mucho tiempo, sobre todo a quien lo practica.

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La hora de la verdad

Hay un barrio Tenerías en casi cada pueblo porque las ciudades de la Edad Media tenían una zona asignada para cada barrio, donde trabajaban los distintos oficios (en este caso, las pieles. De nada).

Hubo un momento, a nuestros 20, en que la calle Calderón de la Barca era la calle Trabajo Temporal. La sede de prácticamente todas las ETTs de la ciudad.

Y si hoy en día te encuentras a tu generación en IKEA (o enfilando la salida de Cantabria en Parayas), entonces coincidíamos en la calle Trabajo Temporal. Bajo el brazo, nuestra pila de currículums para ir dejando de oficina en oficina, con la satisfacción de ir por delante en la carrera por el empleo de aquel al que nos encontrábamos al salir nosotros. Parece que venimos a lo mismo, sonreías. Y una mierda sonreías.

Mientras otros incubaban burbujas, una generación sólo tenía la esperanza del empleo precario. Y lo conseguimos. Elegimos estudiar, pero equivocamos la carrera, y no nos licenciamos ni en construcción ni en mercados. No hicimos el Máster en Especulación. Aprobando, suspendimos. Seguir leyendo

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Fraile y Blanco, sancionada con 20.000 euros por usar programas informáticos sin licencia

La agencia de comunicación Fraile y Blanco ha llegado a un pacto con el lobby del sector informático por medio del cual deberá pagar más de 20.000 euros por el uso de programas informáticos sin licencia para sus cursos de formación.

Fue esta práctica la que llevó a que el pasado 3 de abril se produjera un registro en sus instalaciones en el Río de la Pila, tras recibir una denuncia anónima.

La presencia de policía (en funciones de policía judicial, esto es, a instancias de un juez) produjo el equívoco en un primer momento de hacer pensar que se debía a otros razones ligadas a la actividad del grupo.

La propia empresa activó en el imaginario colectivo esa idea con un comunicado que remitía a aquellos otros motivos que podían haber llevado a la policía judicial hasta su sede.

Ese día se inspeccionaron 10 ordenadores, en los que se detectó software que se empleaba
sin licencia, y cuyo uso era, fundamentalmente, para los cursos de formación para el empleo de los que esta empresa es entidad colaboradora, centrados principalmente en el campo audiovisual.

Fraile y Blanco

La organización planteó que se inspeccionaran más ordenadores y espacios, pero entonces se alegó que su uso era compartido, argumento que aceptó la autoridad judicial y que supuso que el registro se limitara a esos diez ordenadores.

En un primer momento, BSA -The Software Allience en España (la organización que lucha contra el uso de software de forma ilegal) llegó a cuantificar los daños sufridos entre 25.000 y 40.000 euros.

Sin embargo, finalmente, la cifra se ha quedado en torno a los 20.000 euros, gracias a un pacto entre empresa y organización. Seguir leyendo

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Los buenos malos

JR EwingJR ha muerto. Y Dallas no es lo mismo sin él. Lo saben los guionistas, desesperados, que acaban de darse cuenta de la realidad: ellos no pintaban nada en la serie, las cosas no pasaban porque ellos las escribieran, sino porque ÉL las daba vida. Y por eso, la serie, sin él, vive de su impulso.

JR molaba. Tiene sombrero, que siempre es un punto. Y un cinturón grande con sus siglas. Hace negocios en un superpalco del estadio de los Dallas Cowboys. Te dice a las claras que va a por ti. Se adapta del rancho a los rascacielos. Sabe de qué va el juego.  Y el muy cabrón se divierte con todo esto.

Sobre todo, JR no va de víctima. No te dice “ves lo que me obligas a hacer”, no retrata complots imposibles, no ve conspiraciones. Seamos serios: ¿quién va a ser capaz de conspirar contra JR?

JR ha muerto. Y antes que él, Ángela Channing. Ya sólo queda Alexis, pero es una parodia ochentera de laca y hombreras, y además no me sirve para lo que quiero contar. ¿Veis? Así actúa JR: si algo estorba lo elimina. Es muy práctico. En Texas son alemanes.

JR y Ángela han muerto. Desde el cielo de los malos (sí, los buenos malos van al cielo) se dan de cabezazos a la pared al ver cómo sus herederos son incapaces de poner en marcha un miserable chantaje. “Este Luis promete”, musita Jhon Ross I. “Sí, pero es que alrededor no hay nivel. Y ha tardado demasiado en sacar la bestia”, replica, displicente, Angie, que le encargaba las grabaciones a un detective y no se manchaba las manos con el móvil.

Sin JR y Ángela nos queda un deprimente panorama de villanos sin el más mínimo nivel. Un mundo de Poceros, ¿te lo puedes creer?, de franciscospernías, de seudolíderes empresariales y financieros. Un traje repetido por todos, un exceso de gomina. Demasiada atención al bigote, al color de la corbata o a si una mata de pelo se rebela. A detalles superfluos. Ninguno se atrevería con un cinturón con sus siglas en grandes.  Prefieren bordar sus iniciales en una camisa rosa. Y desabrocharse un botón, si acaso. Ni siquiera tienen una saga familiar a la que enfrentarse. Y, eso está claro, no son queridos (ni mucho menos temidos) en su ciudad.

No son malos de los buenos. No son villanos de los de verdad. El malo de los buenos aprendió de Mae West y se sabe poderoso. No acusa a las víctimas de ir contra él. No carga contra los afectados por las preferentes. No se queja de las peñas del Racing. No tiene que encargar auditorías. No le pillas en un renuncio. Sabe fichar al personal. Ni nombre que suena inglés ni nombre que suena francés, que te salen o demasiado obediente, o insoportablemente honrado. En cualquier caso, te salen rana.

El malo bueno, el buen malo, se da al lujo, sí, pero cuando sabe que se lo ha ganado. Y no a la primera de cambio. Porque el lujo no es un fin. Desear el lujo es muy clase media. Es como de pobres. Un malo de verdad quiere poder, y estos malos, siento ser yo quien lo diga, poder-poder no gastan mucho.

A un malo de verdad se le teme. Cuando se dice su nombre en alto, muere gente. No se arredra ante una plataforma. No les insulta. No les denuncia. No pierde las elecciones de su federación. ¿Una plataforma de afectados contra JR? Seamos serios.

Dice un amigo que dice Pinilla que hoy es más difícil saber quiénes son los malos contra los que tenemos que luchar. Mientras os obsesionabais por disculpar a los malos de tu partido y señalar a los del de enfrente, han proliferado por todas partes malillos varios que de jóvenes no vieron ni Dallas ni Falcon Crest porque nadie se ocupó de inculcarles valores de malo. La terrible consecuencia es que no saben cómo funciona el negocio. Degradan la profesión de malo porque sólo piensan en una cosa.

Estos malos de ahora no aguantan un asalto. No tienen nivel para nosotros. Por eso durarán un suspiro. Tenemos, podemos, seguir identificando a estos malos y librarnos de ellos. Pero un villano de verdad nunca se marcha. Todos lo sabemos: JR volverá a presidir Ewing Oil, Ángela Channing regresará. Y Falcon Crest volverá a ser suyo.

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Cinco años, seis meses, cuatro días

El Cabildo es como un pueblo. Y todos los pueblos tienen su historia. Su origen, sus mitos, sus héroes, sus mártires. Y sus villanos.

Los vecinos del Cabildo lo tienen claro. Detrás del derrumbe mortal (tres víctimas, hay que ponerlo siempre) de hace cinco años, cuyo juicio comienza hoy,  se encuentra una operación especulativa.

Así lo hicieron constar en su escrito de acusación en el juicio, tal y como contamos en su día en Buenos Días Cantabria.

En las esquinas y en los bares, mientras se ve la novela, se susurran, entre yonkies y putas, nombres de empresas. Pero más allá de asistencia a reuniones, más allá de curiosas coincidencias, no hay nada que puedan decir, nada que puedan confirmar, ningún nombre que puedan concretar.

Así que no habrá mucha Justicia. Habrá, seguramente, una condena, puede que simbólica, al ingeniero y al constructor de las obras en el número 12, las que causaron el derrumbe en el número 14.

Los trabajos que se hicieron tenían licencia de obra menor, pero se convirtieron en una remodelación completa, que necesita una licencia diferente, que no se pidió. Nadie lo encargó, a nadie le tocaba, es lo que dicen todos. Todos juegan al regate. Algunos se opusieron.  Una de las lecciones del Cabildo: lo que haces, esté bien o mal, afecta a quien tienes cerca.

Es una de las pocas cosas que se puede dirimir en el juicio: quien tomó la decisión de hacer las cosas mal. La otra gran pregunta, la que sólo se puede hacer en un escrito sin respuesta, a quién benefició todo, qué se iba a hacer con un edificio que iba a quedar ‘flaman’ quedará sin contestar. No interesa.

Al Cabildo también le ha pillado la crisis. Y por eso, la operación especulativa ha dejado de ser tan rentable. Dicho de otro modo, serán menos los que pillen. Y no tanto como esperaban. Pero alguno habrá, descuiden.

Otra derivada de la crisis: a la tardanza en las gestiones para las figuras urbanísticas (el ARU) se le ha sumado la escasez de dinero en las Administraciones (sí, ya lo sé, para lo que se quiere).

Y por eso, por la crisis, a muchos vecinos les ha pillado el paro. Eso quiere decir pocos recursos para adelantar el dinero de unas obras que no llegan para frenar un deterioro que no entiende de trámites, ni de bancos que ya no dan préstamos. Rehabilitar un barrio es más que cambiar aceras. Otra de las lecciones del Cabildo: lo que tardes en decidir, llegará tarde y mal.

La cosa va de confianza. Poco confían ya muchos vecinos en el Ayuntamiento, que dijo que se iba a personar y no lo ha hecho. Sí al principio, en la primera fase, la de los titulares. Pero no ahora. Y les vino bien: consigues documentación y evitas que te denuncien a ti.

Los vecinos del Cabildo están cansados. Porque este derrumbe y los que vinieron después no los causó el viento sur.

Como tantas veces, se había advertido. Años antes, la asociación de vecinos se mostró muy activa en sus avisos. Una de sus presidentas (el Cabildo es de presidentAs) ‘parió’ la gráfica frase: “un día les van a llegar las piedras al Ayuntamiento”. Así fue. En el Cabildo se ha avisado mucho. Lo digo por si quieren sumar otra lección.

En el camino, — cinco años de larga instrucción, porque realmente es una instrucción compleja–, se han perdido muchas cosas. Por supuesto las vidas. Por supuesto las casas. Pero también alguna relación entre vecinos. O la confianza en instituciones que han preferido cargar contra las víctimas en lugar de tratar de entenderlas.

Se generó desconfianza entre bloques: en tiempo de crisis y de intereses, lo más fácil es dejar que se peleen entre ellos. Así se entretienen.

El resultado, vecinos cansados que ya sólo quieren acabar con esto. Cuando buscas héroes, a veces se te olviden las personas. Nadie cuenta nunca que Aquiles pagara facturas o fuera al psicólogo. Pues ahí está el talón de muchos.

Hay quien recuerda que hace siglos hubo una lucha soterrada entre el Cabildo de Arriba y el Cabildo de Abajo. Parece que queda claro quién va perdiendo. Santander. En esta ciudad, el humo también lo causan los escombros.

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La etiquetadora

Hay un capítulo de los Simpson en el que…. (SIEMPRE hay un capítulo de los Simpson para ilustrar algo).

Decía que hay un capítulo de Los Simpson en el que Bart encuentra en una tienda de regalos una máquina electrónica para poner etiquetas en los objetos y hacer listas de boda de forma más fácil y rápida.

De eso se trata, de hacerlo todo más fácil para no dedicar tanto tiempo a pensar. Henry Ford estaría orgulloso.

Quien vive en un mundo cerrado, perfecto e ideal lo tiene todo muy claro.  Cuando tragas con la pastilla azul o la roja,  emprendes un rápido viaje a un extraño planeta en el que de golpe eres antitaurino, antinuclear, propalestino, superfeminista, pronacionalismos, proimpuestos, propúblico, federalista, republicano…y del Barça….; o por el contrario, eres taurino, nuclear, machista, racista y homófobo, antiimpuestos, privatizador, proisraelí, centralista, monárquico,… y del Real Madrid….

Al que ha comprado todo el pack le regalan, de oferta, como a Bart, una etiquetadora. Y disparan con ella como Bart, con suma ligereza, a la primera. Oye, que crees que los impuestos son una herramienta, bolivariano. Que matizas que tampoco hay que subirlos todos,  insolidario. Que te gusta la energía eólica pero no como se tramitó, reaccionario. Que te gusta la idea del Centro Botín, entregado a la banca. Que la exclusión sanitaria te parece una vergüenza, demagogo. Que no llevas rastas, pijo. Que vas descamisao, perroflauta.

Hay temporadas en los que los guardianes de las esencias dan un giro de timón al argumentario. Da igual. La etiquetadora sigue funcionando. Viene con actualizaciones. La etiquetadora es una forma de ver el mundo. Una vez adoptada, vale para siempre.

Si habéis leído Rebelión en la granja, lo entenderéis. Y si no, pues para eso están los medios:

Si hablas de Cantur, facha. Si lamentas el cierre de la Casa de la Solidaridad, perroflauta. Si cuestionas  la banca y los desahucios, antisistema. Si mencionas Valdecilla, alarmista. Si adviertes del cambio de modelo en la industria, pues según con quien topes, o eres un defensor de los trabajadores o un entregado a las multinacionales. Es complicado.

¿Problemas de PYMES y autónomos? Explotador.  ¿Dudas sobre excesos de regulación? Alguien, despectivamente, crea el hastag neocón. ¿Has decidido dar voz a alguien? Automáticamente le estás apoyando por intereses particulares. Si hablas de frailes, eres tú el que está anclado en el pasado.

Afortunadamente, cuando sales de ese planeta te encuentras con gente que se desmarca de su estereotipo y se arranca la etiqueta que le han puesto. En ese vacío surgen militares que se reservan el derecho a ir por libre, gente que se afilia por “fastidiar”, empresarios que no son lobbistas,  señores mayores con espíritu muy ‘indignado’, gente con carné pero sin tragaderas, incluso personas con dudas…

Seguramente acaben yendo a menos bodas y puede que compren peores regalos, más baratos, aunque más auténticos. Y no vivirán en ese planeta perfecto. El suyo será un mundo más  duro, más difícil. Es decir, un mundo más real. El tuyo.

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