Los brazos de los muertos

Estáis equivocados con la muerte. No tenéis ni idea. Entre los miles de tópicos que te dicen cuando alguien se te muere (porque la gente no se muere, la gente SE TE muere), está que “descansó” y “que ya no sufre más”.

Y es mentira. Os pensáis que uno se muere de golpe. Pero, como en la novela gráfica El Arte de Volar, en realidad se pasa uno años cayendo, muriéndose en un largo proceso en el que se va olvidando la imagen y los olores pero van quedando otras cosas que permanecen más. Porque importan más.

A los muertos morirse les duele. Porque les arrancan los ojos, y ya no pueden mirar. No ven a los suyos crecer, preocuparse, acabar carreras, tener pareja, dejarlo, ir a entrevistas de trabajo, currar en precario, suspender el carné de conducir, firmar un contrato, firmar otro, darse cuenta de lo que quieren, comprar piso, ir a Ikea.

Les desgarran, de cuajo, los brazos. Se quedan sin tocarte, sin poder extenderte la mano cuando te caes para ayudarte a levantar. No te hacen, a pesar de que les encantaría, el nudo de la corbata ni cocinan para ti en días especiales.

Y les tapan la boca. Se quedan sin poder dar consejos. Sin poder calmarte, o pincharte para que avances. No te abrazan, porque no pueden. Y  les duele. El caso es que lo importante son ellos, aunque llegue un momento en que lo olvides.

Y mientras la foto palidece y los olores se evaporan, hay recuerdos que se vuelven tan nítidos que parecen de otra vida en la que soñabas más.

Y entonces llega gente nueva. Y preguntan por Ella. Que era tuya, te pensabas.

Para los muertos la vida es tan rara que llega un momento en que hasta pierden su identidad.

Sí, porque de repente llega un día, 21 años después — cuando has dejado de contar días, meses, semanas y años, cuando te acuerdas de una forma permanente, cotidiana, cuando no estar se vuelve rutina–, en que ya ni siquiera son tus muertos, porque esas nuevas personas que ni siquiera les conocieron quieren saber cosas de ellos.

Y ya son los muertos de todos. Y no sabes cómo llevarlo porque es una situación nueva, otra situación nueva en esta caída al vacío que empezaste al arrojarte desde un vientre. Desde su vientre.

Se llama trascender, tiene una parte de renuncia, muy íntima, y es algo por lo que debes sentir orgullo, haber participado en que su pequeña familia aún fuera algo más que sólo una casa, algo más que sólo unos cumpleaños y algo más que sólo unas fotos reveladas en papel mate.

Y además no pasada nada: transcurrirán cincuenta años y hay cosas que, por mucho que les arranquen, ni a ti ni a ellos podrán robarte nunca.

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2 respuestas a Los brazos de los muertos

  1. Netocrata dijo:

    buf! no se ni que decir..

  2. AGUS dijo:

    Tu si que sabes de qué va esto.

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