La hora de la verdad

Hay un barrio Tenerías en casi cada pueblo porque las ciudades de la Edad Media tenían una zona asignada para cada barrio, donde trabajaban los distintos oficios (en este caso, las pieles. De nada).

Hubo un momento, a nuestros 20, en que la calle Calderón de la Barca era la calle Trabajo Temporal. La sede de prácticamente todas las ETTs de la ciudad.

Y si hoy en día te encuentras a tu generación en IKEA (o enfilando la salida de Cantabria en Parayas), entonces coincidíamos en la calle Trabajo Temporal. Bajo el brazo, nuestra pila de currículums para ir dejando de oficina en oficina, con la satisfacción de ir por delante en la carrera por el empleo de aquel al que nos encontrábamos al salir nosotros. Parece que venimos a lo mismo, sonreías. Y una mierda sonreías.

Mientras otros incubaban burbujas, una generación sólo tenía la esperanza del empleo precario. Y lo conseguimos. Elegimos estudiar, pero equivocamos la carrera, y no nos licenciamos ni en construcción ni en mercados. No hicimos el Máster en Especulación. Aprobando, suspendimos.

Nos reíamos, y mucho, y no ayudaba a la credibilidad de los medios, cuando alguien parió la expresión ‘mileuristas’. Qué escándalo. Hay gente que sólo gana mil euros al mes, decía la prensa.

Y nuestros padres, la generación de oficinistas, albañiles, oficios, profesores, médicos, empleados de banca y vendedores de los de antes, se indignaban.

Y nosotros, los camareros, administrativos, teleoperadores, comerciales, dependientas y periodistas (sí, los periodistas), deseábamos que llegara la noche para, en la oscuridad, tocarnos y acariciarnos mientras soñábamos con llegar de verdad a esa cifra. Olía a pecado porque era inalcanzable.

En esos sueños húmedos, siempre había alguien que se consolaba con el placer de los demás. Pero quedan las fábricas.  Allí se gana bien. Trabajo de por vida. Un día dejo esta mierda y me meto en Teka, que conozco a alguien. En la Global, en Corcho, en Sniace. Te tapas la nariz y lo de la contaminación ya está.

Ya ni eso. En Torrelavega estos días  dos grupos de trabajadores han marchado unidos recordando a todos que la Virgen no es tan Grande.

Un grupo: Sniace. La Fábrica. La que creaba barrios alrededor. La de los complementos salariales. La que no podías derribar por lo que suponía.

Otro grupo: Golden Line. Los de los teleopoeradores. El sector de los contratos de formación prorrogables. De los cinco minutos de pausa. De los objetivos que hay que cumplir sí o sí.  Del tengo que hablar contigo. La calidad en el empleo es una línea dorada a la que ya no se podrá llegar nunca.

¿Que qué les pasa a Sniace y Golden Line? Que sus empresas han decidido fusionarse. Ahora son uno: Golden Sniace SA. Ha conseguido importantes ventajas: cotiza en bolsa, en el mercado de la inseguridad; y ha ahorrado costes en cuestiones tan superfluas como la plantilla. Ese es el futuro. Lo escribió Naomi Klein.

Mientras tanto, en una galaxia muy muy lejana, hay quien repasa el catálogo de errores para repetirlos uno tras otro.

Ahora estamos en el golf, que parece que los recopila todos. El más extendido, el de laidegenialquelocambiatododegolpe. Pero suma otros: el de repetir algo que no funcionó ni cuando la cosa iba bien, el de fiarlo todo a un Bienvenido Míster Marshall de fuera que lo mismo te vale para el fútbol que para sucedáneos de yeso. El de no darse cuenta dónde estás ni de lo que hacen los que ya lo hacen. El de aferrarte a algo que ‘vender’. El de convertirlo todo en una competición interna por quien la tiene más larga.

En nuestros sueños húmedos ahora la voz susurra: autoempleo, emprendimiento. Como ya no duermes solo, otra responde: IVA, sociedades, trimestre, tasas, caída del consumo, burocracia, altas, bajas, locales, alquileres.

Te despiertas, te das cuenta de que se acaba el verano para los cantantes y los camareros: te quitas las legañas mientras descubres que es lunes y Sniace va a presentar un ERE de extinción para toda la plantilla, que la deslocalización ya es hasta interior porque la competitividad es para pelearse entre todos, y que lo del emprendimiento ha conseguido nuevamente enriquecer a tu compañero de clase el listillo.

Ya en la calle Tenerías esquina Trabajo Temporal, te cabreas, tiras el cigarro al suelo, lo pisoteas, y dices: joder, ¿por qué no se dan cuenta de que ha llegado la hora de la verdad?

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Actualidad, Historias de la burbuja y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s