Un mapa para recorrer la nueva narrativa

Hay una nueva forma de contar las cosas. Las mismas cosas. La pérdida y la venganza. La búsqueda y el desamor. La historia de siempre.

De todos modos no es nada nuevo. En literatura es más fácil cortar y romper las normas. En las artes escénicas se ha intentado muchas veces,  como el teatro del absurdo, justo después de la Segunda Guerra Mundial, es decir, en otro momento en el que todo cambiaba.

 

 

Y si hoy, como entonces, son tiempos de cuestionarlo todo, ¿por qué no cuestionar las técnicas narrativas?

Total, si vivimos en los tiempos de las promesas incumplidas, de los bancos que no guardan ahorros y de las monjas que roban niños, ¿ por qué nos vamos a fiar de la introducción, nudo y desenlace?

Es más, si en estos tiempos son muchos los que saben cómo van las trampas financieras o las trampas de la política, resulta que ahora también el público conoce mejor las trampas de los narradores.

Por eso Elías en Mapa se puede permitir jugar con las normas de construcción de un relato y contárnoslo mientras lo hace.

Para eso hacen falta públicos y narradores de segundo nivel. Y eso, en realidad, ya está hecho, en una época en que “todos tenemos nuestro relato” (como dijo el sábado Elías), porque todos  somos personajes y narradores que nos contamos en público en blogs y redes de modas.

No es el único que lo hace: recuerdo la fascinación que sentí cuando leí el primer Nocilla. Efímera, porque después de ver tanta técnica comprendí  que no llevaba a ningún sitio. No había pérdida, venganza, desamor y, ni mucho menos, un camino.

Otra cosa es Bilbao-New York-Bilbao: toda esta técnica se aplicaba a una historia, a una emoción, a contar, de nuevo, la misma historia. Ese es el viaje, el camino, al que nos lleva el Mapa: con un matiz, el reto de saltar de las escuelas de documentales a públicos más amplios.

En eso andan muchos creadores ahora mismo, por cierto, en un modelo basado en la colaboración entre amigos que comparten mundos, como Elías y Dani Sánchez Arévalo.

Porque al final, contar las cosas, va un poco de eso, de pulsar de nuevo la misma tecla, en  una especie de eterna seducción, en definitiva, de darle un nombre nuevo a la Emperatriz Infantil para que Fantasía no desaparezca en un momento de crisis global.

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