Y si…? (Los precursores)

Hay dos zonas de Santander, tan cerquita que ni las vemos, que saben mucho de todo lo que está pasando.

Porque antes de que el primer organismo internacional no detectara que algo iba mal, eso es casi en el Paleolítico, un hombre salía de un bar de aquel pueblo con un mal pensamiento rebotando desde un hemisferio a otro en de su cabeza.

El “y si?” empezaba a hacerse más grande allí dentro, a hincharse tanto como para tapar otras polladas como los años de confianza depositada en él por aquella señora que “se había criado” con su madre y que ahora le hacía custodio de sus ahorros.

Ese fue hace una eternidad y dos meses. Años después, podríamos decir que fue antesdeayer, el director de aquella sucursal todavía se felicitaba por haber usado esa metáfora tan ingeniosa. Preferente, Marcial, preferente, como el trato que le damos aquí.

Yo esto no lo veo claro, apostilló por lo bajo el becario. Y si…? Bueno, mañana le pego un repaso, vale?, farfulló Rodríguez. Se creen muy listos estos universitarios. Con esto de las becas estudia cualquiera. Eso sí que debería mirarlo alguien.

Y antes de que aquel agente inmobiliario tuviera la revelación (yo que sé, una zarza ardiendo en su portal o algo así) de que ese mes no había vendido los mismos pisos que el anterior, no sé, mil años antes, en el barrio alguien se había dejado olvidada una guadaña junto a ese solar vacío.

Pasó el tiempo, tal vez unos años y un suspiro, y una voz susurró que hacía falta arreglar el edificio, yo conozco a alguien que lo haría rápido. Esta vez, estábamos demasiados cansados para ni siquiera tratar de objetar un “y si”.

En las afueras y en pleno centro. En Monte y en el Cabildo, sus vecinos no saben que sabían mucho, pero mucho, de urbanismo y especulación, de finanzas y vivienda, y de todo lo que ha pasado después: del acoso de los mercados, de la prima de riesgo y las preferentes, del estallido de la burbuja y de las normas urbanísticas desfasadas. De codicia, al fin y al cabo, según me dijo Lucía.

Son, y no lo saben, unos precursores que han sufrido el prólogo de la crisis. El libro, lo estaban, y están, escribiendo, todavía, otros.

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