Si no cuentas tu historia

Si no cuentas tu historia, alguien lo hará por ti. Y lo hará peor.

Si llegas a una institución afectada por escándalos, por mucho que tu comportamiento sea impecable y austero, si no lo cuentas, si no lo explicas, serás otro más de los comensales de restaurantes de lujo. Tal vez ni siquiera has traspasado su umbral, pero, ¿has hecho algo para que se sepa que eres diferente?¿ No? Pues te mereces los editoriales.

Si presides otra institución y caen chaparrones de denuncias, no pierdas los nervios. Eso no ayuda. Lo fácil es tirar de teléfono y quejarte de la conspiración. Pero, ¿te has puesto tú a contar tu versión? ¿Has mandado a alguien que se haga hueco entre las voces críticas que se han dado cuenta de que es más fácil de lo que parece acceder a un periodista? ¿NO?

¿Y con tanta gente hablando mal de ti y nadie hablando bien te sorprende parecer el malo de la película? ¿Me lo estás diciendo en serio?

Si tienes un proyecto interesante entre manos, pero tiene algún fleco cuestionable (el precio, el destinatario, el lugar), cuéntalo TODO desde el principio.

Porque llegará un afectado (¿en serio te crees que tienes tanto poder como para dominar a todas las personas y todo lo que pueden decir?) y contará todos los euros –y alguno de más, cuenta con ello-, para quien van, y a lo mejor se monta hasta una infografía. Pregúntale a Sota.

Y el que dispara primero, da dos veces. Y que sepas que todo acaba como empieza. Esa es otra norma. ¿Un ejemplo demoledor? Las “dos tardes” de Economía de Zapatero.

Si eres ambiguo a la hora de hablar, no te preparas lo que vas a decir (¿de verdad eres tan tan importante cómo para no disponer no de cinco, de dos minutos?) y simplemente hablas o encima no lo haces en persona, con posibilidad de que te pregunten, pues, que quieres que te diga, te mereces un mal titular. El “me lo sacaron de contexto”, “fue una reflexión” o “me lo preguntó un periodista”, ya no cuela.

Y no vas a ser capaz de arreglarlo. Si has dejado que pase, está claro que no eres muy hábil en esto. Cargarás con ello toda la legislatura.

Si lo que haces es difícil de explicar, bien porque es muy técnico, o porque resulta poco concreto, y no te esfuerzas en ello, pues, sinceramente, es que no eres muy consciente de las carencias de tu proyecto y así te va a resultar muy difícil sacarlo adelante.

Si no cuentas lo que estás haciendo y te limitas a cambiar España por Cantabria en un formulario, ya vas mal. Pero muy mal.

Cuando te quiten dinero, habrá mucha gente que sea entonces cuando descubra que existías y diga algo parecido a “fíjate lo que se gastaban, para lo que hacían”.

Ojo, ahora, añadirán un  “con la que está cayendo” que hace mucho, pero mucho daño. A lo mejor no consigues recuperar lo que tenías nunca.

Si alguien hace algo injusto y tú o tu colectivo no lo decís, felicidades. Plas, plas. Eres el colaborador necesario que muchos necesitan. Un gran representante de una sociedad civil callada en la que resulta más fácil tomar decisiones chungas porque a nadie le molestan.

Si ni siquiera hablas, que es gratis, sobre tu tema, cuando pasa algo que te afecta a ti o a tus socios, a lo mejor no estás siendo mínimamente eficaz con la gente a la que te debes. No ayudas, y eso no mola nada. Pasarán cosas malas y nadie se enterará. Parecerá que todo está OK. Pero sobre todo, no cojas el teléfono.

Si aún así no lo pillas, te doy un consejo: desempolva la letra K y vuélvete antisistema. Critica a los medios y el capital, que siempre queda muy bien, aunque podrías dedicar ese tiempo a mandar comunicados, recoger firmas o montar manifestaciones. Hay gente que lo hace, y esos son los que necesitamos los ciudadanos.

Si no te gusta hablar en público y tu portavoz no coge el teléfono, pues lo mismo debiste pensártelo mejor antes de aceptar o de elegirle.

Porque si encima es un puesto representativo, una asociación, tu voz es uno de tus principales recursos –a veces uno de los pocos con que cuentas– y te has silenciado tú mismo.
Si te embarras en procedimientos, en técnicas, en articulados, en trámites, pues, qué decirte, a lo mejor estás un poco alejado de la realidad y te crees que todo el mundo es funcionario o ingeniero.

¿Pelín soberbio, no? Desde luego lo que pretendes no es que te entiendan. Claro que a lo mejor lo haces a posta porque no quieres que te entiendan.

Y no es marketing. No. Es humildad. Es saber que estés donde estés te debes a otros. No puedes ser tan prepotente para pensar que sólo porque estés ahí, estará bien. Ni que la gente debe aclamarte sin más, si no les has explicado los motivos. Es parte de tu trabajo y punto.

Nosotros no somos tontos y se supone que tú eres diferente a “todos”. Eso te lo tienes que ganar, lo debes demostrar. Claro que resulta más fácil quejarse o invertir en publicidad. Lleva menos esfuerzo.

¿Qué cual es mi historia? Dejadme que os la cuente yo: la de un periodista que trabaja mucho, que poco a poco va cogiendo experiencia, que cuando tiene un hueco –no siempre pasa—intenta contar historias diferentes.

Y que da mucha importancia al ocio y la cultura porque eso ayuda a ampliar miras y a salir de una burbuja político-periodística que recrea un mundo irreal. Y que está haciendo “algo más” que ya os contará en su momento.

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3 respuestas a Si no cuentas tu historia

  1. Luis Marina dijo:

    Simplemente genial

  2. Roberto dijo:

    No lo había visto hasta hoy. Me imagino el caso básico de la inspiración. Muy bueno Oscar!

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