Los hijos de Cioli

De niño yo vivía en una ciudad en la que un marino llamado Vital estaba siempre protagonizando aventuras. Eran de verdad, porque veía sus naves en La Magdalena, y me parecían más propias de una historia mítica que de un lugar tranquilo.

En esa ciudad, casi todos los bares de Puerto Chico tenían la foto de un hombre musculoso saliendo del mar en una playa blanca, el año de la nevada mítica. En esa imagen parecía que vivía en la mar y que estaba haciendo una visita a tierra firme.

La ciudad en la que vivía Cioli era una constante aventura, llena de rescates y peligros. Y trascendía sus límites físicos. Con Cioli, Santander llegaba a Francia y a México.

De Francia eran unos turistas a los que salvó, que, agradecidos le invitaron a un viaje a México. Allí, paseando por la calle, se encontró con Vital Alsar, que estaba construyendo un barco para una de sus misiones de paz. Vital se había quedado sin gente y, al ver a Cioli, respiró. “Cioli, échame una mano”. Sabía que no iba a tener una respuesta negativa.

Esa historia me la contó el propio Vital (posiblemente, el nombre más apropiado del mundo, uno de mis héroes santanderinos, junto a otro, el desaparecido Eulalio Ferrer).

Y confirma lo que comprobé más tarde: cuando fui a localizar a Cioli para entrevistarle a él para el programa de historia de Santander que estaba haciendo entonces, le encontré mirando al mar.

“¿Qué hace?”. “Nada, estaba mirando a ver si alguien necesita ayuda”.

Atención permanente y voluntad desinteresada de ayudar. Son las lecciones con las que me quedo de Cioli. Creo que son las que mejor le definen. Y tal vez queden.

Estuve en el homenaje que Cioli pudo disfrutar en vida en su balneario. Allí contó como una vez, cuando estaba a lo suyo, a mirar la mar por si acaso, vio unos pequeños bracitos agitarse en el agua, y corrió a ayudar.

Ese niño, ya mayor, intervino en el acto para contar que él no tenía padre, pero que desde ese día, lo sería Cioli, porque fue él quien le dio la vida.

Es uno de los muchos hijos de Cioli, como esos que se han volcado con el homenaje, con la estatua, que también podemos ver en el balneario de Cioli. Tienen que ser varios los que sigan su legado, porque Cioli, es mucho Cioli.

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Una respuesta a Los hijos de Cioli

  1. carmen dijo:

    Sí, Cioli siempre ha estado presente enla historia de Santander, aún lo recuerdo acudiendo al funeral de mi tía Concha, como se dice más arriba en la ya mítica foto en la Magdalena con nieve donde los periodistas acudieron a ver como se bañaba tb ese día!
    Pero la vida ha sido generosa con él, y en vida ha sentido el cariño de los antanderinos y santanderinas, ese saludo de quienes él quizás no recordaba pero que lo hacíamos siempre con alguna frase cariñosa, ¿Qué Cioli, no tienes frío? (Iba abrigada hasta las orejas, y él en manga corta en pleno invierno)
    Sí, donde estés seguirás mirando… por si alguien necesita ayuda…te mando un abrazo.

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