De puertas abajo

El Cabildo es como la cashba. Por mucho que lo recorras nunca terminas de conocerlo del todo.

Siempre hay una puerta que ayer estaba cerrada y que de repente desaparece, como la de ese solar que parece un escenario de Mad Max. La verdad es que no me atrevía a entrar solo, siguiendo una intuición que confirmaron los habitantes de la nave metálica y alargada.

En el Cabildo se abren puertas en bloques deshabitados y, de forma paralela, en los pisos con vecinos se ponen carteles que claman que por favor se cierren las puertas.

En el Cabildo se tapian solares y se ponen escaparates para mostrar el vacío. Como en la historia interminable.

En otros escaparates se cuelgan carteles extraños que invitan a ducharse en bares mientras otros exhiben ropa de calidad y enfrente los hay que intentan transmitir un aire joven, al lado de ese desolador escaparate que sigue siendo el número 12. Esto está lejos de ser la calle del sol. Aún queda para que esto suene.

Hay otra calle que es en sí misma un inmenso escaparate, una cuesta que “sube y baja”, en la que si subes unas escaleras tropiezas con lugares en los que se ha llegado muy bajo.

Por una puerta se entra a la tienda de ultramarinos, al estanco o al bar con baldosas sucias y nombre de marca pija de ropa en los que trabajan los líderes de opinión locales, esos que no se apuntan a talleres de breakdance.

Por una puerta se entra a los nuevos bares, a los nuevos negocios, que intentan ser más modernos. Por las puertas se sale de los vacíos locutorios a las concurridas calles.

Al Cabildo se entra. Y, sí, del Cabildo se sale.

Hay quien se ve ya fuera del Cabildo, a quien los nuevos planes no terminan de gustarle porque se han convertido en la pieza que no encaja.

Hay quien de repente va a ver que su piso vale menos y que por mucho que las cosas vayan a mejorar,  (que sí, que lo van a hacer, que se van a rehabilitar edificios, que se va a construir VPO, que se concederán ayudas)  hay muchos otros que han descubierto que, a la larga, acaparar suelo y bloques enteros durante años, pues que quieres que te diga, que si eres el que los ha comprado, acaba compensando.

Por la Cuesta del Hospital se ve subir, cabizbaja, a Miss Cabildo, que por fin ha decidido que ya es hora de rendirse y que puede que ya no quiera luchar por un barrio que ya no es su barrio.

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Una respuesta a De puertas abajo

  1. Nabia Orebia dijo:

    no me olvido de nuestro reportaje 😉

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